Se cumplen 5 años de la pandemia de COVID

“Hemos evaluado que Covid 19 puede caracterizarse como una pandemia”, fueron las palabras que conmocionaron al mundo que 11 de marzo de 2020, el día que todo cambió a nivel mundial.

Aquel miércoles el director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhamon Ghebreyesus, se dirigió a todas las naciones para declarar, luego de un análisis exhaustivo que el SARS,CoV-2 se había convertido en una pandemia, por lo que llamó a no tomarla a la ligera y tomar las precauciones necesarias.

“Estamos profundamente preocupados tanto por los niveles alarmantes de propagación y gravedad, como por los niveles alarmantes de inacción”, afirmó el doctor tras recordar que pandemia no es una palabra que se use a la ligera o descuidadamente, puesto que su mal uso puede llegar al sufrimiento y muertes innecesarias.

Cinco años después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara la pandemia por COVID-19, Estados Unidos mantiene, aunque sin certezas, que es “probable” que el virus se originara en un laboratorio chino, pese a que los científicos apuntan a un mercado en Wuhan (China).

El origen del virus SARS-CoV-2, que causa la enfermedad por coronavirus, ha sido objeto de debate y análisis durante los últimos años, y, aunque no se han conseguido las pruebas necesarias para concluir su origen, los gobiernos del republicano, Donald Trump, (2017-2021) y el demócrata, Joe Biden (2021-2025) han dado alas a la teoría del laboratorio.

La CIA apuesta que el COVID salió de un laboratorio

La Agencia Central de Inteligencia (CIA) ve esta hipótesis como la más probable, aunque tiene “poca confianza” en sus propias conclusiones, según se desprende de un comunicado publicado en enero de este año.

En sus anteriores informaciones, la agencia no había apostado tan claramente por esta tesis frente a la que apunta que proviene de origen animal.

“La CIA considera, con baja certeza, que es más probable que la pandemia de la COVID-19 tenga un origen relacionado con la investigación que un origen natural”, declaró un portavoz cuando se publicó la nueva postura.

Esta información estaba recogida en unos reportajes, elaborados durante la anterior Administración, que se hicieron públicos un par de días después de que el elegido por Trump para dirigir la CIA, John Ratcliffe, que ya había apostado por esta teoría anteriormente, tomara posesión del cargo.

El presidente del país, Donald Trump, a quien la pandemia de COVID le coincidió con su primer mandato en la Casa Blanca, se refirió en innumerables ocasiones al COVID como “el virus chino” y tomó en la mayoría de los casos posturas negacionistas, como no llevar mascarilla en público.

Aunque se mostró escéptico con las vacunas, acabó vacunándose en secreto antes de abandonar la Casa Blanca, tras perder contra el demócrata Joe Biden en 2021.

Estados Unidos fue, según datos de la Universidad Johns Hopkins, el país con más muertos por COVID, llegando a los 1.12 millones de víctimas.

‘Choque’ con la ciencia sobre las teorías del COVID

Esta teoría choca con la larga lista de artículos científicos que señalan al mercado mayorista de mariscos de Huanan, en la ciudad china de Wuhan, como el epicentro de la pandemia de COVID.

La prestigiosa revista Science, de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, publicó en julio de 2022 una investigación llevada a cabo por 18 científicos, en la que negaban que el virus viniese de un laboratorio y apostaban por el mercado, donde se vendían animales vivos.

Los investigadores afirmaron que los primeros casos antes de que se propagara el virus se dieron en personas que vivían cerca del mercado de Huanan y detectaron que las dos primeras cepas del virus estaban “asociadas” con el mercado.

Asimismo, este estudio consideró importante que este mercado vendía diversas especies de mamíferos vivos capturados en la naturaleza o criados en granjas durante los años y meses previos a la pandemia.

En septiembre de 2024, otro grupo de científicos publicó un trabajo en la revista Cell, especializada en biología molecular, que reforzaba la hipótesis de la emergencia zoonótica en este mismo lugar.

Aunque no pudieron identificar de que tipo de mamíferos se trataba, sus resultados concluyeron que “múltiples posibles intermediarios de estaban presentes en el lugar exacto de Wuhan con el que el COVID-19 fue vinculado epidemiológicamente por primera vez”.

Por su parte, China consideró la teoría del laboratorio como “muy poco probable” y pidió a Estados Unidos que “dejara de politizar e instrumentalizar la cuestión de la trazabilidad del virus”.

La OMS sigue reclamando a China más información acerca del origen de la pandemia de COVID, mientras Pekín asegura que ha entregado todos los datos de los que dispone.

Según afirmó el año pasado el director general de la organización, Tedros Adhanom Ghebreyesus, sin datos completos “todas las hipótesis están en el aire”, incluyendo la teoría de que el coronavirus escapara de forma accidental de algún laboratorio de bioseguridad, lo que según los científicos del organismo que visitaron China era la menos probable de las hipótesis, pero no descartable.

Cifras:

01 Austercidio

La última actualización del Panel de Datos del Coronavirus de la OMS cifra los casos acumulados en más de 700.000.000, con un saldo de más de 20 millones de vidas perdidas.

La distribución de vacunas, en un esfuerzo sin precedentes, ha superado los 13.300 millones de dosis administradas globalmente. Sin embargo, la batalla no ha terminado: el virus sigue mutando, cobrando vidas y desafiando los sistemas de salud.

Desde la declaración de la Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (PHEIC) el 30 de enero de 2020, hasta su levantamiento el 5 de mayo de 2023, la comunidad científica y las autoridades sanitarias han observado una tendencia descendente en la pandemia.

Con todo, en octubre de 2024, al menos 1.000 personas fallecían cada semana por COVID-19, según los datos disponibles. Sin embargo, esta cifra podría ser aún mayor, ya que solo 34 países seguían informando de las muertes a la Organización Mundial de la Salud (OMS). De esos fallecimientos, el 75 % se registraban en Estados Unidos.

Covid en México

En México, ante la inminente llegada de los contagios y el consecuente desplome de la actividad económica, los partidos de oposición recomendaron ampliar el presupuesto para fortalecer la capacidad de respuesta del sistema de salud, apoyar a las empresas y respaldar a los trabajadores que perderían sus fuentes de empleo.

La crisis económica resultante del coronavirus afectó especialmente a empresas y trabajadores que perderían sus fuentes de empleo.

La respuesta del presidente López Obrador llegó el 5 de abril de 2020, cuando ya se habían registrado los primeros contagios y decesos, y había sido activada la jornada de distanciamiento social. No admitió ajustes ni a prioridades ni a presupuestos y, por el contrario, confirmó “una estrategia de estabilidad presupuestal sin alterar las metas de superávit primario, aplicar un programa hacendario basado en la contracción del gasto público y no acudir a nuevas contrataciones de deuda pública más allá de las previstas” desde antes de la crisis.

Un cúmulo de errores

“Las cámaras del Congreso plantearon que tenía que haber un presupuesto adicional para enfrentar la pandemia y la respuesta fue: ‘No, no, no pasa nada, no lo necesitamos, es más que suficiente lo que tenemos’”, recuerda el infectólogo Alejandro Macías, encargado de coordinar la respuesta del gobierno federal ante la epidemia de influenza A-H1N1, en 2009.

“Desde ese momento vimos cómo se fueron acumulando los errores. Cuando llega la pandemia, primero lentamente y después con fuerza, siempre se dijo: ‘No, no pasa nada. Es una enfermedad leve, hay pocos casos. Vamos a domar la pandemia’. Se decía que el pico ya había pasado, cuando apenas estaba empezando”, enumera Macías, en alusión a los pronunciamientos del presidente López Obrador y del subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell.

Al mantener su plan de austeridad y contener el gasto, “el gobierno mexicano aplicó medidas disonantes que estaban muy lejos de corresponder a las necesidades concretas de aquellos momentos críticos: garantizar el ingreso de los que ya no podrían salir a trabajar, apoyar la permanencia del empleo, evitar quiebras de los micronegocios, pequeños o medianos, inyectar liquidez y dinamismo a una economía que entraría a un ‘coma autoinducido’ por necesidad”, resalta el informe de la Comisión Independiente.

Por el contrario, el gobierno redobló los programas que ya existían y llevó al extremo las medidas de astringencia en el gasto público, como suspender contrataciones, cancelar compras de medicamentos y reducir la inversión en infraestructura médica. Se trataba de un comportamiento totalmente contrario a lo que hicieron la mayoría de los países del mundo, que invirtieron recursos para amortiguar el golpe de la recesión y salir lo más pronto del bache.

El biólogo e investigador emérito de la Facultad de Ciencias de la UNAM, Antonio Lazcano, admite que antes de la pandemia había un aparato de salud muy lastimado; sin embargo, acota, López Obrador nunca presentó un programa de desarrollo para el sistema de salud mexicano y el presupuesto funcional de salud durante su primer año tuvo reducciones importantes.

“La austeridad implicó cada vez menos inversión en el gasto de la salud pública, y eso se reflejó en hospitales cada vez menos equipados. La idea de traer médicos cubanos me sigue pareciendo una idea un poco ridícula, cuando aquí tenemos excelentes médicos”, destaca el integrante de la Comisión Independiente de Investigación sobre la pandemia de Covid-19 en México.

En 2019, el gasto funcional en salud sumó 724 mil millones de pesos, una reducción de 17 mil millones frente a los 741 mil millones de 2018.

Adicionalmente, el año previo a la pandemia hubo importantes subejercicios. En 2019 se aprobaron 24 mil millones de pesos para inversión física (ampliación y mejoramiento de instalaciones), lo que parecía una buena oportunidad para revertir el estancamiento heredado del gobierno pasado. No obstante, se erogaron sólo 13 mil millones, una disminución de 48 por ciento respecto al monto aprobado por el Congreso.

Y encima, desapareció el Seguro Popular

“La pandemia se juntó con dos decisiones erráticas de diseño institucional y de manejo del presupuesto”, plantea el exsecretario de Salud, Salomón Chertorivski.

“Primero: justo cuando llega la pandemia, el gobierno federal desaparece el Seguro Popular, lo que genera un clima de incertidumbre absoluta porque se rompen las reglas que regían la cooperación de la Federación con los estados. Y, en segundo lugar, se destruyen los esquemas de planeación, compra y distribución de medicamentos, un problema que seguimos arrastrando desde entonces”.

Ya con la crisis sanitaria encima, durante gran parte de 2020 el gasto en salud sufrió retrasos frente al calendario y registró reducciones reales respecto a 2019.

Gran parte de las demoras se concentraron en la Secretaría de Salud, la cual venía de un importante cambio institucional: el cierre del Seguro Popular a finales de 2019 y el primer año de operaciones del Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi).

Esta transición implicó modificaciones en la forma de financiamiento del sector salud, alteración de la cobertura, cambios en la atención de enfermedades catastróficas y modificaciones en los procesos de compras públicas, los cuales dificultaron el ejercicio del gasto conforme al programa.

La transición a Insabi implicó cambios en el financiamiento del sector salud, alteración de la cobertura, cambios en la atención de enfermedades catastróficas, y modificaciones en los procesos de compras públicas.

“De la noche a la mañana y en plena pandemia se elimina de golpe el Seguro Popular sin tener un plan de acción y sin tener presupuesto. Y eso fue catastrófico”, recuerda Alejandro Macías, una de las voces que durante la pandemia ayudaron a comprender mejor la emergencia, en medio de los titubeos y confusiones generadas por el vocero Hugo López-Gatell.

“¿A dónde van las personas cuando se empiezan a sentir enfermas? Al médico de primer contacto, al médico general. ¿Pero qué hizo la gente cuando ya no había primer nivel por la desaparición del Seguro Popular? La gente se fue a los consultorios anexos a farmacias”, expone.

Según los investigadores de la Comisión Independiente, el gobierno cayó en un falso dilema de escoger entre preservar la salud pidiendo un confinamiento que muchos no podían soportar sin apoyos especiales, o privilegiar la situación económica de las familias y empresas, pero sin incurrir en apoyos extraordinarios a la población.

“Este falso dilema derivó en el peor de los mundos posibles, dada la decisión gubernamental de no ejercer recursos públicos adicionales con una política anticíclica que hubiera aliviado tanto la salud como la economía”.

México y su gobierno tuvieron a la vista diversas alternativas que venían del mundo académico, del sector privado, de la sociedad civil y de organismos internacionales que pudieron enriquecer y robustecer la respuesta económica y hacerla coincidente con la directriz sanitaria. No obstante, el gobierno desdeñó cualquier planteamiento que no fuera el suyo, el de la obstinada austeridad.

Fuentes Quadrantín Oaxaca, El Financiero, National Geographic, El Sol de México, 

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