Por fin sabemos por qué borraron a la reina Hatshepsut

Fue una de las gobernantes más exitosas del antiguo Egipto y una de las pocas mujeres faraonas que precedió a Cleopatra en 1.500 años, pero el legado de la reina Hatshepsut fue sistemáticamente borrado por su hijastro y sucesor tras su muerte.

La cuestión de por qué su reinado fue suprimido de forma tan metódica ha suscitado un intenso debate. Pero en una reciente investigación el académico de la Universidad de Toronto Jun Wong sostiene que se ha puesto demasiado énfasis en su género.

“Es una pregunta bastante romántica: ¿por qué fue atacada esta faraona tras su muerte?”, dijo Wong a la AFP, al explicar su interés por una monarca que dirigió el antiguo Egipto durante un periodo de extraordinaria prosperidad.

Teorías tradicionales sobre Tutmosis III y la venganza de género

Los primeros estudiosos creían que el hijastro de Hatshepsut, Tutmosis III, desató una campaña póstuma de difamación contra ella por venganza y odio, entre otras cosas porque quería eliminar cualquier idea de que una mujer pudiera gobernar con éxito.

“La forma en que se ha interpretado el reinado (de Hatshepsut) siempre ha estado teñida por su género”, afirmó Wong, al referirse a la creencia de que Tutmosis III podría haberla considerado “una especie de madrastra malvada”.

Su investigación, basada en otros estudios recientes y publicada en la revista académica de arqueología Antiquity, sostiene que las motivaciones de Tutmosis III eran mucho más matizadas, lo que arroja más dudas sobre la teoría de una represalia contra una mujer en el trono.

Neutralizar poderes sobrenaturales

La nueva investigación propone así que las estatuas de la faraona Hatshepsut no fueron destruidas por venganza o para borrarla de la historia, sino desactivadas ritualmente para neutralizar sus supuestos poderes sobrenaturales.

Según el estudio de Jun Yi Wong, las estatuas fueron quebradas en puntos clave como el cuello, la cintura y los –pies sin dañar los rostros ni las inscripciones– en un proceso común para figuras reales en el antiguo Egipto.

Esto indica que eran consideradas entidades vivas o poderosas, y que su “desactivación” respondía a prácticas funerarias más que a odio personal, matizando la idea de una persecución motivada únicamente por el género o ambición de su sucesor, Thutmose III.

El legado de Hatshepsut

Hatshepsut

Hatshepsut gobernó Egipto hace aproximadamente 3.500 años, tras la muerte de su esposo, Tutmosis II.

Primero ejerció como regente de su hijastro, el príncipe heredero, pero logró consolidar el poder por derecho propio y se erigió reina-faraón.

Los expertos afirman que amplió las rutas comerciales y encargó construcciones extraordinarias, entre ellas un sepulcro sin igual en el Valle de los Reyes, en la orilla occidental del Nilo.

Jun Wong, académico de la Universidad de Toronto, revaluó una serie de materiales procedentes de estatuas dañadas descubiertas durante excavaciones realizadas entre 1922 y 1928.

Afirmó que no hay duda de que Tutmosis III trabajó para eliminar las pruebas de los logros de Hatshepsut, pero que sus esfuerzos “quizás estuvieron motivados por una necesidad ritual más que por una antipatía declarada”.

Tutmosis III podría haber intentado neutralizar el poder de su predecesora de una forma práctica y habitual, y no movido por la malicia.

También descubrió que algunas de las estatuas que representaban a Hatshepsut probablemente fueron dañadas porque las generaciones posteriores querían reutilizarlas como material de construcción.

“Durante mucho tiempo se ha asumido que las estatuas de Hatshepsut sufrieron un ataque por venganza”, afirmó Wong, al argumentar que una nueva revisión de los archivos sugiere que “este no es el caso”.

Descubren por qué los egipcios “desactivaban” a sus faraones

El experto expone que estas estatuas fueron “desactivadas ritualmente”, al igual que las estatuas de otros faraones y no destrozadas como represalia por parte de Tutmosis III. Descubrió que las estatuas no fueron golpeadas en la cara ni sus inscripciones fueron destruidas tal y como dice la leyenda, sino que se rompieron intencionadamente en el cuello, la cintura y los pies, algo visto en estatuas de otros faraones egipcios en lo que se conoce como “desactivación ritual”.

Los antiguos egipcios consideraban las estatuas de sus faraones como entidades de gran poder, de ahí que, cuando muriese un faraón, se “neutralizaban” los poderes de este fracturando los puntos débiles de la estatua. Estos daños se llevaban a cabo de una forma muy específica y metódica, nada aleatoria. El objetivo final neutralizar cualquier percepción de adoración o reverencia hacia un faraón que ya no reina ni existe. E incluso muchas de estas estatuas fueron reutilizadas en el futuro como materiales de construcción y herramientas, lo que desecha de la ecuación cualquier tipo de animosidad negativa hacia esta práctica histórica.

El majestuoso templo funerario de Deir el-Bahari, una de las obras arquitectónicas más impresionantes ordenadas por Hatshepsut durante su reinado, representó la ambición y visión de esta faraona que gobernó el antiguo Egipto en una época de extraordinaria prosperidad.

Fuentes: DW, National  Geographic.

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