Por: Jesús Solano Lira / @SolanoJess
Combustibles fósiles
Aún cuando el gobierno federal maneja una narrativa y una retórica de rescate de Pemex, la petrolera más endeudada del mundo, enarbolando la defensa de la soberanía nacional, la realidad es otra, ya que los esquemas de rescate son una pantalla, y solo se adquiere deuda a largo plazo.
Literalmente Pemex se ha convertido en un barril sin fondo, y México sigue destinando miles de millones de dólares, en financiar y subsidiar una empresa dependiente de los combustibles fósiles, que hace cada vez más lejana una transición energética justa.
Y ahí le va. De acuerdo con el Taller para Periodistas “Política fiscal y sector energético en México: trayectoria, incentivos y desafíos para la transición”, entre 2012 y 2024, los subsidios a combustibles fósiles alcanzó los 255.6 mil millones de dólares, 69.4% destinados al consumidor final, lo que ha representado una presión significativa sobre las finanzas públicas.
Muy deplorable que ese monto supera por mucho los recursos destinados a funciones estratégicas del desarrollo, alcanzando casi 12 veces el presupuesto acumulado de protección ambiental y un nivel similar al presupuesto destinado a salud durante el mismo periodo. Ufff y recontra Ufff, aquí no aplica EL No Pasa Nada, porque pasa todo.
Sin lugar a dudas, lo más lamentable de esta situación, es que esa estructura de gasto, sostiene la dependencia fósil y compite con recursos que bien podrían ocuparse en prioridades ambientales, sociales y energéticas.
Las políticas energéticas de México no abonan al desarrollo del país, y eso no lo digo yo, sino especialistas como Lorena Caballero, Directora Técnica del Grupo de Financiamiento Climático para América Latina y el Caribe; Alejandra Macías, Directora Ejecutiva del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria A.C ; Luis Martínez, Consultor senior del Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible, así como Ada Bahena, Coordinadora en Hackers por Nuestro Futuro.
Ahora bien, en un contexto de tensiones geopolíticas y volatilidad asociada al mercado petrolero, en el taller se subrayó la urgencia de acelerar la transición y convertir los compromisos ambientales en decisiones presupuestarias, regulatorias y de inversión concretas.
Y aunque desde el gobierno se presumen infinidad de logros de Pemex, México presenta en la actualidad, una de las mayores dependencias fósiles de América Latina y el Caribe.
Las cifras son elocuentes. Y agárrese. Por cada ingreso sostenible generado, México obtiene 86 veces más ingresos por actividades intensivas en carbono que sostenibles, muy por encima del promedio regional de 11.
Por si eso no fuera suficiente, esa estructura también se refleja en el gasto público, donde se destinan 15 veces más recursos a actividades intensivas en carbono que a sectores sostenibles, mientras que la generación renovable representa únicamente el 18.2% de la electricidad nacional frente al 65.2% del promedio regional.
Ahhh pero en el taller los panelistas dieron el remedio y el trapito.
Los especialistas coinciden en que una reasignación de subsidios podría liberar recursos para fortalecer alternativas energéticas.
El análisis de trayectorias muestra que una reducción anual del 8% en los subsidios al productor, permitiría redirigir aproximadamente 2,178 millones de dólares y asociarse con la generación de 50,672 GWh adicionales de energía limpia y la mitigación de 22.25 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono.
Además, los resultados permiten dimensionar el potencial de distintas alternativas de asignación de recursos públicos, dentro del sector energético y otros programas estratégicos para el desarrollo nacional.
Ojalá algún día los gobiernos en turno, escuchen la voz de los especialistas para fomentar la generación de combustibles limpios y dejar la dependencia de los fósiles. Ya no hay condiciones para administrar la riqueza que un día tuvo México en su producción petrolera.
Gráfico El Sol de México
