El aumento del nivel del mar y la erosión de las playas están incrementando significativamente el riesgo de inundaciones en estas áreas, afectando ya a 14 millones de personas más en las últimas dos décadas, según un informe reciente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
De continuar esta tendencia, para finales de siglo, cerca de 73 millones de personas podrían habitar en zonas con alta probabilidad de inundaciones, lo que representa un desafío crítico para las ciudades costeras densamente pobladas.
De acuerdo con un estudio publicado en la revista Nature, titulado El estado de las playas del mundo, el 24 % de las playas arenosas del mundo está experimentando una erosión superior a medio metro por año.
Este análisis, realizado por científicos de la Universidad Técnica de Delft, en los Países Bajos, abarcó un periodo de 33 años (1984-2016) y reveló que, aunque el 48 % de las costas arenosas permanece estable y el 28 % muestra procesos de acreción, el deterioro de las playas en áreas marinas protegidas es motivo de especial preocupación.
El impacto de la erosión y el cambio climático en las costas
El informe de Nature consultado en un artículo de la revista Gaceta UNAM de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) detalla que el 7 % de las playas de arena del mundo enfrenta tasas de erosión severas, con pérdidas que superan los 5 metros anuales en el 4 % de las costas y hasta 10 metros por año en el 2 % de las áreas costeras globales.
Por otro lado, aunque un 8 % de las playas experimenta acreción significativa, este fenómeno no compensa el desgaste generalizado. Según el PNUD, este deterioro, combinado con el aumento del nivel del mar, está ampliando las llanuras aluviales costeras, lo que incrementa la exposición de las comunidades a inundaciones.
En México, el impacto del saqueo de arena es evidente en regiones como la Riviera Maya, donde la explotación de este recurso para la construcción está generando un daño irreversible en las costas.
Juan José Kasper Zubillaga, investigador del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM destacó que, aunque esta actividad puede parecer económicamente rentable a corto plazo, las consecuencias a largo plazo serán devastadoras para los ecosistemas y las comunidades locales.
Ciudades como Santos en Brasil, Cotonú en Benín y Calcuta en India son ejemplos de áreas urbanas donde el riesgo de inundaciones podría duplicarse, afectando hasta al 10 % de sus poblaciones hacia finales de este siglo. Estas regiones, densamente pobladas, enfrentan una creciente vulnerabilidad debido a la combinación de factores naturales y actividades humanas.
Según Kasper Zubillaga los ciclos sedimentarios en los ecosistemas costeros son complejos y están influenciados por múltiples factores.
Entre ellos se encuentran el clima, el transporte fluvial de sedimentos, la erosión de la roca parental y las corrientes litorales. Sin embargo, eventos extraordinarios como tormentas y huracanes, así como actividades humanas como la construcción en zonas vulnerables, también están acelerando el deterioro de las playas.
Kasper Zubillaga explicó que las construcciones en áreas turísticas, muchas veces realizadas sin un análisis adecuado de los riesgos, han impactado negativamente en las dunas costeras, que actúan como barreras naturales frente a fenómenos climáticos extremos.
Además, el cambio climático está calentando las aguas oceánicas, lo que afecta a los arrecifes de coral, fundamentales para proteger las costas del embate del oleaje. La pérdida de estos ecosistemas agrava la invasión del océano en las costas, un fenómeno que ya se observa en regiones como las costas de California, donde el oleaje alcanza construcciones y viviendas.
El saqueo de arena: un problema global
Otro factor crítico señalado por Kasper Zubillaga es el saqueo de arena, un recurso natural cuya extracción descontrolada está generando impactos significativos en los ecosistemas costeros.
Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la arena es el material sólido más utilizado en el mundo después del agua, con una explotación anual de 50 mil millones de toneladas. Esta cantidad sería suficiente para construir un muro de 27 metros de ancho y 27 metros de alto alrededor del planeta.
La extracción excesiva de arena no sólo afecta a las playas, sino también a los ríos, que son fuentes clave de este recurso. Una investigación de la Universidad de Ámsterdam, publicada en Science Direct, advierte que el ritmo actual de extracción supera con creces la capacidad de la naturaleza para reponer la arena, lo que podría llevar a un agotamiento global de este recurso para 2050.
Kasper Zubillaga dijo que “la gente piensa que la arena es infinita y no, tiene un ciclo y etapas muy específicas. No obstante, se saca para construcción, por ejemplo, lo cual no está regulado. Son problemas que estamos enfrentando en México y tienen impacto en las costas por efecto del hombre; es lo que está dando al traste con muchísimas zonas, como la Riviera Maya donde se cree que es muy redituable esto, pero, a la larga, el costo que se pagará será muy grande”.
Fuentes: Infobae, Gaceta de la UNAM,