Ethos Político. Obra pública: el nuevo lenguaje del poder en León

Por: Héctor Andrade Chacón / @hectorandrade70

Hay momentos en la política donde el dato duro —los millones, las obras, los kilómetros de concreto— deja de ser solo administración y se convierte en mensaje. La presentación del Programa de Obra Pública 2026 de Alejandra Gutiérrez Campos es uno de esos momentos.

No es menor: 4 mil 174 millones de pesos para más de 560 obras en un solo año, dentro de un acumulado que roza los 25 mil millones de pesos en su administración. Es, en términos prácticos, una ciudad en obra permanente. Avenidas estructurales como el bulevar Adolfo López Mateos intervenidas, corredores urbanos reconfigurados, parques revitalizados, infraestructura hidráulica ampliada, seguridad reforzada.

Pero quedarse en la cifra sería perder lo esencial.

Porque esta presentación no fue solo un informe técnico: fue una toma de posición política. Después de la salida del PAN de la alcaldesa, la presentación del programa, sin la gobernadora Libia Dennise García M;uñoz Ledo en la intermedia, debe tomarse como una clara declaración de independencia

El dato más relevante no está en el presupuesto, sino en el contexto: esta es la primera gran exposición de obra pública de Ale Gutiérrez tras su salida del Partido Acción Nacional, una ruptura que redefine el tablero político rumbo a 2027. Por ello, el programa adquiere otra dimensión.

Gutiérrez Campos no presentó solo obras; presentó una narrativa: orden frente al “ruido”, resultados frente a la “grilla”, ciudadanía frente a la política partidista.

Ese mensaje, reiterado en su discurso, es una interpelación directa a su antiguo partido, que hoy luce descolocado, sin claridad sobre su identidad ni sobre el adversario real que enfrentará en la siguiente elección. Porque queda claro, al paso de los días, desde las declaraciones de sus liderazgos partidarios, que la escisión duele. Se nota.

De entrada, quedó a la vista que el panismo en el Ayuntamiento está fracturado, diga lo que diga Román Cifuentes, síndico y abora abanderado de los intereses azules en el Cabildo. La escena política del evento también habló por sí sola.

De un lado, el bloque panista con Cifuentes y sus 4 regidores azules— observaron con seriedad, casi con recelo, una presentación que ya no les pertenece del todo. La preocupación, manifestada en cada oportunidad de la permanencia de la burocracia panista en la administración, no es menor: revela un reflejo patrimonialista del poder que hoy choca con una realidad distinta.

Del otro lado, los llamados regidores “ciudadanos”, muchos de ellos impulsados originalmente bajo las siglas del PAN, pero hoy moviéndose con soltura, entre sonrisas, cercanía política y una evidente comodidad en el nuevo entorno, dejan ver cómo andan las cosas.

Y en medio, figuras como Luis Ernesto Ayala Torres, cuya presencia deja una señal inequívoca: el PAN en León ya no es un monolito.

Lo que antes era disciplina partidista hoy es dispersión contenida.

Ale Gutiérrez lo entiende bien: la obra pública no es solo infraestructura, es territorio político, es economía y es simpatía.

El programa 2026 tiene tres efectos simultáneos:

  1. Impacto urbano inmediato:
    León vivirá un año entero de intervención física. Movilidad, parques, agua, seguridad. La ciudad cambia de rostro.
    2. Dinamismo económico local:
    La ejecución de más de 560 obras implica contratación de empresas, proveedores y mano de obra locales. Es dinero circulando en la economía leonesa, generando empleo y, de paso, afinidades con el sector privado.
    3. Construcción de legitimidad social:
    Programas como el presupuesto participativo —que ha crecido de manera sostenida— refuerzan la idea de un gobierno que escucha, pero también que ejecuta.
    No es casual: la obra pública es el lenguaje más tangible del poder.

Así las cosas, 2027: ya no es una carrera de dos. Queda claro. Hasta hace poco, el escenario parecía claro: el PAN defendiendo León frente a un avance creciente de Morena. Hoy ya no. Vaya, hasta partidos como el PRI, con sus votos, pueden inclinar la balanza de último momento en una previsible lógica de alianzas.

La irrupción de Movimiento Ciudadano como plataforma de la alcaldesa introduce una tercera vía competitiva. No necesariamente frontal, no necesariamente inmediata, pero sí estratégica.

Porque aquí hay una jugada más sofisticada, no romper de golpe, sino reconfigurar desde dentro. Se puede seguir siendo panista… hasta que llegue el momento. Y entonces moverse…

En este tablero, la gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo, haciendo lopropio desde la inauguración de la Olimpiada Nacional de Natación, no puede quedar al margen.

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Si la obra municipal se convierte en bandera política de la alcaldesa, el gobierno estatal tendrá que responder con su propia narrativa de infraestructura, inversión y resultados. La disputa no es solo electoral, es territorial: quién construye, quién conecta, quién transforma.

Porque en política, quien pavimenta también proyecta.

Lo curioso para los ciudadanos es que, en la celebración de sus 450 años, León puede ganar… en medio de la disputa. Paradójicamente, este momento de tensión política puede traducirse en beneficios concretos para la urbe más importante del centro de México. León puede convertirse en el escenario de una competencia virtuosa: más obra, más inversión, más intervención urbana. No por consenso, sino por competencia.

El Programa de Obra Pública 2026 no es solo el más ambicioso en la historia reciente del municipio. Es, sobre todo, el inicio de una campaña sin decir su nombre.

Ale Gutiérrez, ha decidido que su narrativa será el concreto, el drenaje, el parque, la luminaria, la obra social y el fortalecimiento de la infraestructura para la seguridad pública. Que el amor por León se vea desde cada bulto de cemento.

La pregunta ya no es cuánto se va a construir.

La pregunta es: quién capitalizará políticamente esa transformación en 2027.

San Miguel: turismo, poder y la disputa que viene

Mientras en León la obra pública se convierte en narrativa política, en San Miguel de Allende el poder se construye —y se proyecta— desde otro frente: el posicionamiento global.

El alcalde Mauricio Trejo Pureco ha logrado, en el reciente Tianguis Turístico de Acapulco, algo más que promoción: ha colocado a la ciudad en la conversación internacional con la atracción del Concurso Mundial de Bruselas en materia de vinos, además de consolidar reconocimientos que la mantienen como uno de los destinos turísticos más relevantes del mundo.

No es un asunto menor. San Miguel no solo compite en México: compite globalmente. Y ese posicionamiento tiene efectos políticos tangibles.

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Cuando una figura del tamaño de Meryl Streep voltea a ver la ciudad para proyectos culturales o de moda, no se trata de anécdota: es capital simbólico que se traduce en legitimidad. Y en política, la legitimidad pesa.

En ese contexto, empieza a llamar la atención el movimiento —o más bien, el repliegue— del diputado morenista Luis Ricardo Ferro Baeza.

Durante los primeros meses del gobierno de Trejo, Ferro buscó cercanía, presencia conjunta, fotografía compartida. Lo llamó su amigo entre los sanmiguelenses. Hoy, el guion es otro.

El legislador ha retomado su alianza con el “Doc” Osvaldo García Arteaga, el mismo que compitió fallidamente por la alcaldía en 2024 y que ahora vuelve a perfilarse entre sus cuates morenistas, ensoñado, con optimismo quizá excesivo, como aspirante a la alcaldía.

Ellos piensan que si en 2024 el PRI obtuvo poco más de 26 mil votos y Morena arriba de 25 mil, con un distante PAN en 14 mil, pueden superar esta vez la meta en primer lugar. Y viendo esos números se puede pensar que, en efecto, Morena sí puede ser competitivo en San Miguel de Allende, pero a la vez que no le alcanzó ni con el desgaste de un primer periodo de gobierno de Trejo.

Y eso, tres años despuès, no deja de ser una ilusión, porque las preferencias se mueven. En el cálculo de Morena, debe sumarse la legitimidad ganada del alcalde priista y el desgaste del morenismo desde el poder federal, sobre todo ahora donde en una corte de Nueva York se está reclamando que el partido si esta metido hasta las manitas en la Narcopolítica.

Hoy, en las calles sanmiguelenses, el binomio Ferro–García empieza a instalar la narrativa de que “en 2027 les toca”. Pero la matemática electoral no es tan simple.
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Si se proyecta un escenario de alianza o voto útil entre PRI y PAN —algo que no puede descartarse dada la cercanía política entre Trejo y la gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo—, los números cambian de forma contundente, desde un análisis básico o silvestre:

  • PRI (~24-26 mil) + PAN (~14 mil) = 38 a 40 mil votos potenciales
  • Morena (~24 mil) + aliados (PVEM/PT, estimado marginal) = 26 a 28 mil votos

La diferencia ya no sería de un punto. Sería estructural. Y ahí está el dilema para Morena: necesita crecer, no solo reorganizarse. La operación política del PAN y PRI en San Miguel de Allende, unida, puede desplazar con dureza a los guindas, a pesar de que ahora su dirigencia nacional, en manos de Ariadna Montiel, tiene en sus manos el padrón de beneficiarios de los programas sociales.

Y es importante para los morenistas tomar en cuenta que aunque no podrá reelegirse en 2027, Mauricio Trejo será factor. No solo por estructura política, sino por algo más difícil de construir: aprobación social sostenida. Lo dicen las encuestas de diversas agencias, es de los pocos ediles que no bajan del 60 por ciento de aprobación entre sus ciudadanos… de entre todos los alcaldes del país.

Su estrategia —turismo, posicionamiento internacional, inversión, obra social en colonias y comunidades y narrativa de ciudad global— le ha permitido construir una base que trasciende la lógica partidista. Y eso, en una elección local, puede inclinar la balanza. Porque si algo ha demostrado San Miguel es que el voto no siempre sigue la marca… sino al liderazgo.

En contraste, Morena carga con un lastre que no es menor.

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Las acusaciones contra Luis Ricardo Ferro Baeza por violencia económica —señaladas por la viuda de su padre— representan un flanco vulnerable que el partido ha intentado mantener fuera del debate público. Pero en política local, donde todo se sabe y todo circula, esos temas pesan. Y más en una ciudad con alta exposición internacional, donde la narrativa de derechos, inclusión y prestigio no es decorativa: es exigida.

Eso sin contar el impacto que tendrán las acusaciones en cortes de Estados Unidos de que el narco tiene tomado al morenismo en varios estados.

San Miguel de Allende se encamina a 2027 con dos modelos en disputa: El modelo Trejo: resultados, turismo global, capital simbólico y posible alianza transversal. El modelo Morena: estructura electoral, narrativa de cambio y apuesta a capitalizar el relevo obligatorio.

En medio, un dato clave: la elección pasada ya mostró que el margen es estrecho… pero también que la suma de fuerzas puede redefinirlo todo.

Y mientras unos ya reparten el futuro, otros siguen construyendo —literalmente— las condiciones para ganarlo.

Eso sin olvidar, que el PRI y el PAN deben sacar candidato…

Cuevano: la lucha por el poder municipal ya comenzó

Nada ha sido casual en la reciente irrupción de Juan Carlos Romero Hicks en la discusión pública sobre el proceso de designación de consejeros del SIMAPAG. Sus posicionamientos, incluso desde tribuna del Congreso del Estado, donde exigió transparencia y perfiles diferentes a los sopeasados para el Consejo del sistema municipal de agua potable, se insertaron en un contexto real de cuestionamientos de grupos de interés muy definidos al proceso , pero también en una lógica política mucho más terrenal: la disputa por el control del poder municipal rumbo a 2027.

Porque más allá del discurso de pulcritud institucional, lo que estaba en juego es quién tendría influencia sobre uno de los órganos más relevantes de la administración capitalina. Y ahí, el exgobernador, exsenador y exrector no parecía dispuesto a quedarse al margen. Su activismo reciente se entiende mejor a la luz de una aspiración que no ha terminado de apagarse: la candidatura a la Presidencia Municipal, y eso, tal vez, sin importar demasiado el vehículo partidista.

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Romero Hicks carga, además, con una factura política no resuelta. Luego de que pasara de aspirante a la presidencia del PAN nacional al deseo de ser, al menos, alcalde de Cuévano, le cayó el balde de agua fría cuando tomó Libia Dennise García Muñoz Ledo la decisión de cerrarle el paso en 2024 —tanto en la integración de la planilla capitalina y luego a la coordinación legislativa—, lo que no fue un episodio menor.

Como tampoco lo fue el ascenso de Samantha Smith como figura dominante del panismo cuevanense, en alianza con el PRI, desplazando a un grupo político que se asumía con derechos adquiridos en la “sociedad” capitalina y que veía como, desde seis años atrás, se esculpía una nueva forma de hacer política en La Cañada.

Desde entonces, la estrategia conservadora ha sido clara: resistir, insistir y erosionar. Las críticas al proceso del SIMAPAG funcionaron como un vehículo para confrontar al actual grupo en el poder municipal.

Sin embargo, el discurso democratizador contrasta con los antecedentes del propio Juan Carlos Romero Hicks. Su paso por el poder —desde la rectoría de la Universidad de Guanajuato hasta la gubernatura— dejó la percepción persistente de un ejercicio político vertical, de control prolongado y de influencia más allá de los tiempos formales. En la memoria política local no se diluye del todo esa imagen de “metarrector” ni las intervenciones en la vida universitaria que marcaron época. Su forma de acotar o presionar al finado Cuauhtémoc Ojeda Rodríguez, a quien acabó desplazando -a pesar de la supuesta autonomía de la UG- de sus oficinas universitarias en Lascurain de Retana a la Secretaría de Seguridad estatal, son ejemplo de ello.

Romero Hicks es la representación del panismo ultraconservador que para generaciones modernas les resulta rancio, elitista, fuera de época. Inclusive se le acusa de seguir siendo ese político “culterano” que como gobernador veía por el hombro a los demás panistas, sobre todo a los que venían de abajo. De eso puede decir mucho, por ejemplo, el hoy morenista Ernesto Oviedo, que fue diputado local albiazul cuando Juan Carlos era mandatario estatal y no lo quería respondiendo a su informe de gobierono por el Legislativo. Ahí le hicieron la traversura los panistas leoneses, que se ríen de lo ceremonioso de los viejos cuevanenses.

El fondo del conflicto, entonces, no es técnico ni administrativo: es político. Es la disputa entre dos visiones —y dos generaciones— del panismo en Guanajuato capital. De un lado, un liderazgo que representa la tradición, con sus códigos, jerarquías y formas, incluso con tufo a política de castas; del otro, una corriente que ha buscado romper con ese molde, con mayor pragmatismo y apertura, incluso a costa de incomodar a los sectores más ortodoxos.

Lucha que también encuentra rasgos comunes con los que ha tenido que lidiar en el PAN estatal la gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo, aliada de Samantha Smith en esta disputa de conservadores contra modernizadores.

En ese tablero también reaparece la figura del expresidente municipal, Alejandro Navarro Saldaña, quien, lejos de retirarse, vuelve a gravitar en el debate público. Su próximo libro, Sin miedo y sin permiso, no sólo apunta a ser un ejercicio de memoria política, sino también una toma de posición en esta disputa interna, reivindicando un estilo de gobierno que rompió —para bien o para mal— con el viejo molde del PAN tradicional. Seis años de lucha contra los propios, más que los extraños.

Presentará formalmente esta suerte de memoria política cuevanense el próximo 12 de mayo en la ciudad de León. Será una radiografía necesaria para entender cómo ha sido casi una década de cambios en el partido hoy gobernante. Un atisbo de una lucha que persiste.

Así, lo que ocurre hoy en el SIMAPAG es apenas un capítulo de una confrontación mayor. En Cuévano, la lucha ya no es soterrada: es abierta, constante y con la mira puesta en el 2027. El pasado y el presente del panismo están chocando de frente. Y lo que está en juego no es menor: es el control político de la capital.

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Tomado de Paralelo X.

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