- Hay señales que no deberían ignorarse. Cuando un país que había logrado contener enfermedades prevenibles vuelve a hablar de brotes, contagios y cercos sanitarios, no estamos ante una casualidad: estamos frente a la factura de decisiones políticas mal calculadas, ignorancia y negligencia criminal.
La epidemia de sarampión que hoy azota a varias entidades del país es, en buena medida, el reflejo de un debilitamiento progresivo del sistema nacional de vacunación durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. Lo que durante décadas fue una de las políticas públicas más sólidas y reconocidas internacionalmente —la vacunación universal y gratuita— terminó fragmentado, desfinanciado y subordinado a esquemas paralelos de operación con claros tintes electorales.
El desmantelamiento no fue estridente; fue administrativo. Recortes presupuestales, compras erráticas, fallas en la distribución y una peligrosa improvisación en la estructura operativa. El relevo del personal técnico especializado por operadores territoriales conocidos como “siervos de la nación” —cuya función original era política y no sanitaria— dejó al programa de vacunación en manos que no necesariamente tenían la formación, la logística ni la continuidad institucional necesarias para una tarea de alta sensibilidad epidemiológica.
El resultado es visible hoy: una enfermedad altamente contagiosa, prevenible con una vacuna segura y probada, vuelve a expandirse. El sarampión no es un padecimiento menor. Puede generar complicaciones severas, particularmente en niñas y niños, incluyendo neumonía, encefalitis e incluso la muerte. En salud pública, el retroceso no es abstracto; se mide en camas ocupadas y en vidas en riesgo.
La cobertura de vacunación es un escudo colectivo. Cuando se debilita, el virus encuentra brechas. Y México abrió demasiadas.
En este escenario nacional complejo, el caso de Guanajuato ofrece un contraste que merece subrayarse. Bajo la conducción de la Secretaría de Salud de Guanajuato a cargo del doctor Gabriel Alfredo Cortés Alcalá, la entidad ha mantenido una estrategia intensiva de inmunización y vigilancia epidemiológica.
De junio de 2025 a la fecha, se han aplicado 413 mil 205 dosis de vacuna contra el sarampión en el estado. Además, existe una disponibilidad actual de 219 mil 195 dosis para continuar la cobertura. No se trata únicamente de cifras; se trata de previsión y capacidad operativa. Gracias a esta respuesta sostenida, Guanajuato no presenta, hasta ahora, transmisión comunitaria confirmada.
El sistema de vigilancia epidemiológica estatal mantiene seguimiento permanente y coordinación con la Federación, lo que permite actuar con rapidez ante cualquier caso sospechoso. La diferencia es clara: mientras a nivel nacional se pagan los costos de la improvisación pasada, en el ámbito estatal se privilegia la continuidad técnica y la planificación sanitaria.
Esta crisis debe servir como lección. La salud pública no admite experimentos ideológicos ni estructuras paralelas que sustituyan al personal capacitado. El sistema nacional de vacunación fue una conquista histórica construida por generaciones de trabajadores del sector salud. Debilitarlo tuvo consecuencias. Recuperarlo exigirá voluntad política y rigor técnico.
Sigue siendo una vengüenza la estupidez de un presidente que con risas aseguraba que una enfermedad con la COVID-19 se podía detener con un acto de magia, poner al frente un escapulario, su “detente”, mientras destruía el sistema de salud nacional enmedio de una pandemia que costó, según diversos datos, la muerte de más de medio millón de personas y al paso de esto, dejó sin vacunar contra muchas enfermedades a nuestra niñez y sin medicinas a millones, aunque les duela reconocerlo a los morenistas.
Mientras ese debate nacional continúa, en Guanajuato hay una tarea inmediata y concreta: mantener el blindaje comunitario. La vacunación contra el sarampión está disponible para personas menores de 49 años en los módulos de la Secretaría de Salud del estado.
La invitación es clara y urgente: madres, padres y tutores, acudan a vacunar a sus hijas e hijos. No bajemos la guardia. La prevención sigue siendo la herramienta más poderosa frente a un virus que, cuando encuentra descuido, avanza sin contemplaciones.
