Ethos Político. El espejo azul… para qué tanto brinco

Por: Héctor Andrade Chacón / @hectorandrade70

El panismo guanajuatense decidió hacer el sábado una demostración de fuerza. O, mejor dicho, una demostración para convencerse a sí mismo de que la fuerza sigue intacta.

Ahí estuvieron todos: su dirigente nacional, Jorge Romero Herrera, la gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo, el coordinador panista en el Congreso local Jorge Espadas Galván, el dirigente estatal Aldo Márquez Becerra, senadores como Ricardo Anaya, diputados locales, federales, alcaldes, operadores y liderazgos regionales. Una postal de unidad, músculo y control político.

O al menos eso quisieron proyectar.

Porque si algo dejó el evento es una pregunta inevitable: ¿por qué tanta necesidad de demostrarse vivos, organizados y fuertes… cuando todavía no es tiempo electoral?

El propio PAN presumió la movilización de 20 mil panistas provenientes de los 46 municipios del estado. Veinte mil. Una cifra nada menor. Y movilizar a 20 mil personas no ocurre por generación espontánea ni por amor puro a la camiseta. Hay costos: autobuses rentados, logística, templetes, sonido, almuerzos, botellas de agua, operadores territoriales, renta del espacio, brigadas, difusión y toda la maquinaria de un partido que quiso convertir una reunión interna en un acto de impacto político estatal.

El gasto fue, según conteo de los que algo le saben a la operación acarreo: millonario. Dinero que tal vez pudo asignarse a un mejor propósito.

La pregunta no es si pueden hacerlo. Claro que pueden. Siguen siendo el grupo político dominante en Guanajuato. La pregunta es si necesitaban hacerlo.

Porque el evento tuvo más aroma de terapia colectiva que de estrategia política. Un ejercicio de autoafirmación. Un gran espejo azul donde el panismo fue a repetirse que sigue teniendo el control del estado, que sigue unido y que nada ha cambiado.

Eso sí, mientras la dirigencia estatal, que encabeza Aldo Márquez, insistía desde hacía días en ese patrimonialismo que contamina a Acción Nacional, afirmando que el estado de Guanajuato pertenece al PAN o que el estado es azul, como una suerte de feudo, la gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo, tuvo el tino de no caer en el exceso y afirmar, con mayor lucidez discursiva que el PAN pertenece a Guanajuato y no el estado al PAN. Un ejercicio de humildad política que contrasta con la soberbia de quienes desde la burocracia partidaria asumen que los guanajuatenses per se son panistas.

El evento y la movilización o acarreo, soportado en muchos de los casos por el cobro de apoyos sociales, como mostraron fotos y videos que circularon en medios estatales, como las cuotas de asistencia de quienes recibieron cobijas en algún momento, expuso innecesariamente al panismo. Vaya, hasta dejó ver a panistas de primera y de segunda: la clase política azul recibió un suculento ágape para luego tomarse fotos con los dirigentes y los miles de simpatizantes, con sufrido calor, recibieron mojados sándwiches o tortas, como acreditaban en redes sociales.

A fin de cuentas, parecía que querían cerciorarse con quiénes cuentan aun en sus filas, aunque esto también ofreció a su oposición a conocer su estructura, revelada entre quienes llegaron al punto de encuentro.

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Así las cosas, también se dejó ver que cuando un partido necesita gritar tantas veces que está fuerte, normalmente es porque algo sí le dolió. Ese “algo” tiene nombre y apellido: Alejandra Gutiérrez Campos.

La salida de la alcaldesa leonesa del PAN hace apenas unas semanas evidentemente sacudió más de lo que los dirigentes quieren admitir. Porque mientras un día sí y otro también insisten en que la renuncia “no afectó”, que “nadie se fue con Ale”, y que el panismo está más sólido que nunca, por el otro lado reaccionan con una intensidad que contradice el discurso.

Disputan cada decisión en el Cabildo leonés. Pelean de forma mediocre los colores institucionales, cuando han pintado siempre que pueden todo de azul, hasta los señalamientos de seguridad que debieran ser amarillos (remember escándalo de barandales del distribuidor Juan Pablo II hace años o uniformes y mochilas siempre azules en las escuelas públicas). Lanzan mensajes permanentes de control político. Repiten que Guanajuato “es panista”. Cierran filas públicamente. Se cuentan entre ellos. Se exhiben unidos.

Para qué tanto brinco estando el suelo tan parejo.

Si la salida de Alejandra Gutiérrez fue tan irrelevante como dicen, entonces el despliegue del sábado resulta excesivo. Y si no lo fue, entonces el evento fue exactamente lo que pareció: un intento de contener una crisis política y emocional dentro del panismo guanajuatense.

Porque el problema no es únicamente electoral. Es simbólico.

La alcaldesa de León no era una militante cualquiera. Era quizá el liderazgo más competitivo, más visible y con mayor capacidad de construcción ciudadana dentro del PAN en la ciudad más importante de la entidad, donde está la cuarta parte del padrón electoral. Su ruptura no solo abrió una grieta política; abrió una grieta narrativa. Rompió la idea de que en Guanajuato todo seguía perfectamente alineado bajo el mando azul.

Y entonces vino el acto masivo.

Con otro detalle nada menor: no fue una asamblea formal de órganos internos, ni una sesión partidista estatutaria, ni un encuentro estrictamente institucional. Lo que se observó fue un evento de propaganda política con pasarela incluida de quienes aspiran —o aspiran a aspirar— a cargos de elección popular en 2027.

Por eso en Morena, el real adversario del PAN en Guanajuato que asoma en el horizonte, ya tomaron nota.

En el morenismo existe interés en solicitar una revisión de fondo por parte de las autoridades electorales sobre la naturaleza del acto, justamente porque ocurre fuera de tiempos electorales formales y bajo una dinámica que parece más de posicionamiento anticipado que de vida orgánica partidista.

Los panistas, antes que este ejercicio del sábado, más mediático que efectivo, debieran estar atentos a cómo le están llegando operadores de Morena (verdaderos ingenieros electorales) de otros estados de la República y haciendo tierra, incluyendo con sus aliados verdes. Más ahora que quien tenía a su cargo los programas sociales federales y sus padrones, es ya la dirigenta nacional guinda con la misión de sostener a la 4T con el control político en México.

En el afán de demostrar control, el PAN podría haber terminado exhibiendo ansiedad. Y en política, pocas cosas cuestan más caras que gobernar desde el miedo a perder el relato.

El sábado, el panismo quiso verse fuerte frente a Guanajuato.

Tal vez el problema es que el mensaje iba dirigido hacia adentro.

Tomada de Paralelo X.

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