El país del crecimiento cero

Por: Adrián Méndez

Así como vamos, resulta complicado aseverar que México debería estar ocupado en crecer y desarrollarse, en lugar de seguir expandiendo sus necedades de permanecer ubicado en el mismo sitial de atraso y dependencia en el que sus clases políticas lo han colocado.

No es y, al parecer, no será posible hacerlo en este, el siguiente y al menos los próximos tres o cuatro años.

Cuando el electorado llevó a la victoria en 2018 a López, éste se habría comprometido a deshacerse de sus viejos lastres y vicios de corrupción que habían mantenido las fases de dos gobiernos panistas seguidos y uno más del priísmo más degradado e incompetente en la figura de Enrique Peña Nieto.

No solamente no lo hizo, sino que una de sus primeras acciones fue la cancelación del aeropuerto internacional que entonces se construía en Texcoco para sustituirlo tiempo después por una terminal aérea que es como una central de autobuses de Tabasco que no logra realizar más que algunos vuelos semanales.

Habría una larga lista de acontecimientos evidentes en la corrupción en su persona, sus familiares, amigos y allegados que hoy tienen a México en la postración, en el límite de todas sus desgracias.

Este año, se ha referido, no creceremos más de 0 por ciento ¡un orgullo de las nuevas ideologías de “izquierda! que ven en el capitalismo exterior uno de los peores enemigos a vencer, pero al cual se han aliado estratégicamente al interior, para poner a salvedad sus intereses.

Nuestra educación es de las peores a nivel planetario, nuestros niños no son competitivos a nivel de operaciones aritméticas elementales, no saben leer o no entienden nada de lo que leyeron, sobre todo aquellos entre los 12 y los 15 años.

Nuestro nivel de enseñanza-aprendizaje del idioma inglés es de los más bajos a nivel internacional, en un momento en el que se requeriría un dominio más allá de la media internacional para el desarrollo de las nuevas tecnologías, todas las cuales estamos desperdiciando porque conviene más enseñar ideología, a partir del dogma de la llegada de los del 68 al poder, que en verdad preparar a las nuevas generaciones en los cambios presentes y futuros.

Los repartos de programas sociales son el medio por el cual las nuevas clases política aseguran y asegurarán bases electorales con potencialidades de millones hasta que se agoten los recursos, que no falta mucho: 18.2 billones en deuda interna; 2.4 billones de pesos en pasivos de Pemex; 2.4 de la Comisión Federal de Electricidad; quiebras mil millonarias en las obras faraónicas del régimen y muchas sorpresas más.

Nuestros sistemas de salud están devastados en todo el país, ya que no se cuenta con medicamentos ni atenciones hospitalarias elementales: las infraestructuras de la mayor parte de nuestras clínicas y hospitales son de desecho.
Médicos y enfermeras tienen que improvisar mediante todo tipo de objetos para salvar a sus pacientes. ¡Que viva Dinamarca! Mientras que al cesto de la basura se arrojan relaciones internacionales que en el pasado fueron orgullo de una nación que respetaba y se hacía respetar en todo el mundo.

El mundo que se desglobaliza nos permitiría, en medio de esa trama, unirnos a una serie de habilidades y capacidades fruto de los nuevos conocimientos pero nuestro perfil, entre ellos el educativo de nuestras vastas bases sociales, no los impide.

La carencia de buenos servicios, el desgaste de vialidades, carreteras, avenidas, caminos rurales llegó a su devastación total. Nada de eso importa.

Imperan la inseguridad, la mediocridad, el desabasto, la turbiedad en las relaciones de poder; la economía decrece en los grandes almacenes y en las tienditas de las esquinas. ¡Qué orgullo de nación de veras!

Además, pocas son los países que querrán venir a invertir aquí con jueces que son parte de la trama gubernamental y donde el ganón siempre sería el partido oficial.

De manera tal que México, avanza a pasos agigantados a su precipicio si no es que ya se encuentra ahí.

Tomado de Paralelo X

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