Ecos. Morena, hijo dilecto de Gustavo

Por: Adrián Méndez

La marcha de la generación Z “no tenía jóvenes”, habría dicho la presidenta Sheinbaum Pardo: “abundaban personas de la tercera edad y otros, pero no jóvenes”, ¡ahá!

Y, sí, en efecto, no fueron solamente los de la generación Z sino, además -habría que añadirlo- ancianos, personas mayores, adolescente, niños, amas de casa, miniempresarios, profesionistas, estudiantes, médicos, enfermeras y obreros que bulleron por miles y miles en todas las ciudades del país, hartos de la narcofarsa morenista que, en sus propios términos, “ya no se sostiene más”.

Ella, no lo sabemos, ¿estaría ahí custodiada en el interior por sus guardias personales? Porque poco tiempo pasó para que de haber sido porra en la UNAM (dado que cuando sobrevino el 68 era difícil que ella estuviera allí en la plaza de las Tres Culturas por más marxista que fuera desde entonces pues tenía apenas seis años) y así le quedaran escasos rudimentos de ese su pasado izquierdista para condenar cuando no mandar reprimir a los concentrados ahí la tarde de esta sábado 15 de noviembre en el Zócalo de la ciudad de México en el intento de derribar vallas que ella ordenó poner para custodiar su reino, su imperio, su centenario palacete.

No lo hizo para preservar y vigilar la ciudad de la República, de la democracia, de los valores de la pluralidad, de la diferencia, el simple derecho al disenso; habría elegido mandar gasear a los del bloque negro con resultantes de 20 civiles heridos, entre jóvenes y viejos, y en teoría, acorde con las cifras de Clara Brugada, al menos 100 policías lesionados.

Y no, mi señora, no. No fueron pocos; habría miles, quizás millones a nivel nacional para espetarle a usted y a su gobierno el desastre que han hecho ustedes (y mientras escribo esto, allá fuera rugen miles de gargantas enunciando un epíteto que, por verdadero, hiere los oídos: “Narcogobierno”), emitido por centenares de pulmones que atraviesan los muros de mi ciudad que le devuelven el sentido prístino, originario a sus casas, presas de una gran verdad: su teoría social no es absoluta, no es eterna. Su sistema es una farsa, sus aliados son demoniacos, su sistema se pudre.

Aquella en su momento la fiesta, la orgía de los condenados, de los defenestrados, de los no acordes con sus formas de actuar, pensar y decidir le han comenzado a subestimar en promedios crecientes, sobre todo cuando su popularidad cayó de 63 a 41 por ciento hace días.

Pensé que usted había leído durante sus años de universitaria, algunos textos teóricos de los espías rojos para evadir las asechanzas del capitalismo radical y persecutorio en contra de tales activistas de la Revolución, elija cuál señora, ¿la cubana, con sus miles de perseguidos?, ¿la rusa, con sus decenas de enviados al Gulag?, ¿la de los Khmer rojos que terminaron asesinando a los campesinos luego de la derrota yanqui en 1973? Responda, ¿la de una Nicaragua saqueada y empobrecida, la de Venezuela aterrorizada?

Porque aquí en nuestro país, desfigurado por ustedes, se usa al Poder Judicial para perseguir a empresarios de alto nivel, para hacerle pagar a Salinas Pliego sus pasivos onerosos ¡pues que los pague! Pero no de esa manera, no con sumas crecientes inventadas al gusto del SAT para hacer temblar de él hacia abajo a todos los que tengan deuditas con el sistema tributario mediante actos persecutorios para que ustedes, Salinas Pliego les diga: “que mis dineros vayan a dar a la Chingada, no”.

En tanto, en el país cunde la violencia, la falta de servicios, la educación, dirigida por un delincuente como Mario Delgado, las elevadísimas cifras de fraudes (por 550 mil millones de pesos del huachicol), decrementos barbáricos en los índices de crecimiento económico y desarrollo, la nula atracción de inversiones, los cobros de piso, las extorsiones.

Allá en la esquina de mi casa una próspera empresaria que debía facturar miles de pesos en su tortillería al día debió irse hace poco, y cuándo le pregunté porqué lo hacía, detrás de sus ojos verdes asomaron lágrimas: “¿Para qué se lo digo? Me pedían 100 mil al mes”.

Sobre los cadáveres de todos esos de miles de desaparecidos, mutilados, asesinados, Manzo reemergerá hasta las consistencias de la rabia, la ira y el odio acumulados, de donde quizás una nueva república resurja.

Usted podrá consultar el oráculo con su diosito de barro, ahí muy cerca de su palacio, donde los aztecas sacrificaban a sus enemigos, pero no podrá frenar el desastre que ustedes mismos engendraron.

Si lo que usted presenció antes y después de la marcha de este sábado no le gustó, creo que es tiempo de responderse cuáles son las consecuencias de ese país al que ustedes mismos se encargaron de separar hasta el odio, hasta la muerte, hasta la degradación y el aniquilamiento.

Usted es científica. Le recuerdo que la primera ley de termodinámica de Isaac Newton dice: “A toda acción se opone una reacción que opera en sentido contrario a la fuerza que la genera”…

Tomado de Paralelo X.

Gráfico: @ruizhealy

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