Firewall ciudadano: claves y controles. ¿El fin de la finca familiar? Guanajuato hacia 2027

Por: Miguel Allende Foulques

Desde la llegada del nuevo siglo, 26 años van desde entonces, ha proliferado una costumbre mexicana, casi ritual, de anunciar cada proceso electoral como “el más importante de la historia reciente”. Guanajuato capital, sin embargo, tiene esta vez un argumento menos declamatorio y más incómodo: por primera vez en dos décadas, ningún partido puede dar por sentada la victoria. Al corte de agosto de 2026, cuando las precampañas “formalmente” aún no han empezado pero los aspirantes ya partieron, el escenario no es el de un bastión que cambia de dueño, sino el de una plaza que se fragmenta entre cuatro pretendientes, ninguno con vocación de mayoría.

El Partido Acción Nacional, que ha gobernado la capital con la tranquilidad de quien hereda una finca familiar, atraviesa ahora algo parecido a una crisis de sucesión. Según el más reciente levantamiento de GobernArte y Rubrum, la alcaldesa Samantha Smith registra la aprobación más baja del estado, apenas 38.9%, y un rechazo de 81.6% a la idea de un segundo periodo, cifra que no es una advertencia más bien parece una sentencia. A ello se suma la fuga de figuras que alguna vez fueron el activo más preciado del blanquiazul: la alcaldesa de León, Alejandra Gutiérrez, y el exgobernador Juan Manuel Oliva han optado por señalar, cada uno a su manera y en su momento, que el partido perdió el rumbo que ellos mismos ayudaron a trazar (y a difuminar también). Es la ironía de todo proyecto hegemónico: sus defensores acérrimos terminan por convertirse en críticos autorizados.

El partido que se presenta como movimiento, mientras tanto, hace lo que mejor sabe hacer: presentarse como la alternativa inevitable sin necesidad de convencer, solo de esperar. Encuestas de la empresa Massive Caller -con corte de mediados de 2026- le otorgan 37.4% de intención de voto frente al 23.6% del PAN; GobernArte y Rubrum, con metodologías propias y universos distintos, confirman una ventaja más moderada, de entre 6 y 9 puntos. La dirigencia morenista no tendrá empacho en negociar, y no podría ser de otra manera, una coalición con el PT y el PVEM, ejercicio que en el discurso se llama “construcción de mayorías” y que, vaciado de eufemismo, es simple aritmética electoral: sumar lo que ganar solo no está garantizado. El movimiento sigue necesitando, como cualquier maquinaria vieja, de sus piezas menores.

El elemento disruptivo, desde mi humilde óptica, es Movimiento Ciudadano, que ha decidido -con una autoconfianza digna de personaje de Marvel- seguir en solitario. En mediciones previas alcanzó 25.3% de preferencia, cifra que lo instala como alternativa real al panismo desencantado, particularmente entre el voto joven (y aquí habría que preguntarse de que jóvenes hablamos: ¿Será acaso el segmento de 18 a 29 años, el más volátil y menos anclado a lealtades partidistas históricas? Con perfiles como la regidora Liliana Preciado Zárate y los diputados Rodrigo González y Sandra Pedroza, MC apuesta a que el hastío hacia el PAN se traduzca en lealtad hacia el naranja, apuesta que en el país ha funcionado tanto como ha fracasado, según la plaza y el año.

Y luego está Somos México, el recién llegado que ya se comporta como árbitro. Nacido de la “marea rosa” declara más de 2,100 afiliados registrados en la capital, mide 7.9% de intención de voto: no alcanza para gobernar, pero sí para decidir quién lo hace y subir el listón de las propuestas en políticas públicas. Su discurso frontal contra lo que llama, sin demasiada sutileza, el “clan Smith-Navarro”, etiqueta que se ha instalado en el debate público, le permite capturar tanto el descontento panista como el desencanto hacia Morena. Es el partido naciente que entiende, mejor que los grandes, que en política fragmentada el veto vale tanto como el voto.

¿Qué escenario es más probable? Si el PAN y Movimiento Ciudadano insisten en disputarse el mismo electorado opositor, Morena gana por default, no por convicción del electorado sino por la incapacidad de sus adversarios de ponerse de acuerdo sobre quién merece perder primero. Es el futuro más probable, porque es el más mexicano: la oposición dividida como acto reflejo, casi como una tradición… El escenario alterno, que MC logre amalgamar al panismo crítico y al voto independiente, exigiría una disciplina casi monástica para mantenerla más de una temporada electoral.

Y así, mientras la finca familiar se disputa entre herederos desavenidos, los viejos fantasmas de la cañada siguen esperando a quien sepa hacer algo más que heredar el polvo.

Tomado de Paralelo X

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