Por: Jesús Solano Lira / @SolanoJess
Crisis en Las Choapas
Hasta dónde puede llegar la irresponsabilidad, indolencia y falta de capacidad de Petróleos Mexicanos (Pemex), para atender una crisis ambiental provocada por la explosión e incendio fuera de control del Pozo Krem-1 en Las Choapas, Veracruz.
Han pasado más de 120 días de ese lamentable accidente, que el gobierno federal y las autoridades de esa empresa productiva del Estado, insisten en llamar incidente.
Es neta, durante más de 120 días aplicaron la que ya se saben: No Pasa Nada.
Pemex, asegura que implementará un nuevo sistema de válvulas y tuberías, para detener el flujo del Pozo Krem-1, y posteriormente proceder al taponamiento definitivo.
Es en serio, en 120 días todavía están pensando en opciones para controlar el incendio, la fuga y después realizar el taponamiento.
Lo más lamentable es que la empresa, asegura, jura y perjura que ha mantenido un monitoreo constante con la población afectada, y lo más paradójico es que sostiene que no se han registrado riesgos en la zona.
Caray que manera de minimizar una crisis ambiental, con severos daños al ecosistema y biodiversidad de la zona, y mentir al señalar que mantiene comunicación con las comunidades cercanas, para atender aspectos relacionados con la salud, seguridad ambiental e infraestructura vial.
Como siempre, el gobierno tratando de tapar el sol con un dedo, cuando la situación es más que crítica en la zona, como lo han denunciado diversas organizaciones, entre ellas, la Alianza Mexicana contra el Fracking, que ha documentado que las afectaciones a las comunidades, a sus medios de vida y a la biodiversidad se agravan y se acumulan.
Aquí el punto, es que no se puede afirmar que se puede utilizar la técnica de fracking sin provocar daños graves a la población, al medio ambiente y a la economía de las comunidades, y lo ocurrido en Las Choapas, es prueba de los riesgos de seguir apostando a los combustibles fósiles.
Para muestra un botón. El desastre en ese municipio del sur de Veracruz, que colinda con los municipios de Coatzacoalcos y Agua Dulce, así como con los estados de Tabasco y Oaxaca, muestra claramente los riesgos que conlleva la extracción de combustibles fósiles.
Como siempre los que pagan los platos rotos, son los habitantes de las zonas afectadas, quienes han denunciado una precaria atención médica en las comunidades cercanas al pozo, desabasto de medicamentos, vaya ni una aspirina se encuentra en la deficiente infraestructura hospitalaria de Las Choapas.
Y para colmo, además de las afectaciones a la salud, los habitantes de la zona han perdido cosechas, árboles frutales y ganado, pérdidas que Pemex se ha comprometido a pagar, pero que no lo ha hecho.
La pregunta es. ¿Hasta cuándo habrá solución a la población afectada, de un desastre ecológico que estaba más que anunciado por diversas organizaciones no gubernamentales y asociaciones civiles?
