Por: Miguel Allende Foulques
En el fascinante mundo de los tiempos electorales, la Junta Local Ejecutiva del Instituto Nacional Electoral (INE) en Guanajuato ha descubierto una fórmula revolucionaria: la retrospectiva como presente. Acaba de presentar el libro “Memorias de la Red de Género de Consejeras”, un documento que reconstruye con lujo de detalle y desde la perspectiva de varias exconsejeras distritales el proceso… de 2020-2021. Cinco años después.
Nadie discute la importancia de documentar los avances, particularmente en lo que a paridad se refiere y la visión de las mujeres que han participado en la construcción de la democracia. Lo que resulta inexplicable es hacerlo cuando quienes vivieron esos procesos ya ni siquiera ocupan los mismos cargos. La memoria no es memoria si llega cuando ya nadie la necesita. Pero la Junta Local del INE Guanajuato parece sentirse cómoda en la arqueología administrativa: también estrenó un sistema de consulta cuyos datos más “frescos” apenas rozan el 2024. Dos años de atraso, tratados como puntualidad.
La presentación del libro contó con una invitada de lujo: la consejera nacional Rita Bell López Vences. Su presencia en esta “tierra de conspiradores” —como algunos oriundos han dado por llamar a Guanajuato— fue un gesto notable. Pero hubiera sido más útil que llegara con exigencias de calendarios vigentes, no con un ejemplar bajo el brazo que narra lo que ya es historia. Por cierto, no estaría de más que la Junta Local reflexionara sobre sus criterios para conducir este tipo de eventos. La paridad y la democracia son asuntos de Estado, no de trinchera. Cuando se confía la moderación de un acto institucional a perfiles cuyo bagaje no alcanza para distinguir entre ambas cosas —y que parecen más cómodos convirtiendo la igualdad en un duelo de sexos que en un principio republicano— el mensaje que se envía no es de avance democrático, sino de captura temática. Hay quienes han encontrado en el discurso de género un nicho rentable, no una causa. Y se nota.
Mientras tanto, el Instituto Electoral del Estado de Guanajuato (IEEG) sigue demostrando que sus prioridades son un monumento a la selectividad. Luego de la propuesta de la Junta de Gobierno y Coordinación Política, en la cual legisladores locales pretendían incorporar el concepto de violencia política genérica, sin hacer diferencia con la violencia que se ejerce contra las mujeres, sus consejeros se enfrascan en debates bizantinos sobre si la violencia política debe llamarse “genérica” o “de género”, como si distinguir fuera más urgente que sancionar. Mientras discuten, los espectaculares publicitando a los aspirantes a ser candidatos en 2027 amenazan con inundar el entorno, las afectadas esperan resoluciones, no definiciones.
Pero lo más insólito llega con la creatividad presupuestal. El IEEG acaba de crear dos nuevas plazas permanentes para “armonizar” con la Ley de Transparencia. El único detalle: el presupuesto 2026 no las contemplaba. La respuesta oficial es una oda a la improvisación: quizá el dinero salga de “vacantes” que nadie sabe por qué existen, o de ahorros en el comedor.
Es decir: crean compromisos de gasto sin fuente de financiamiento identificada. La misma institución que exige pulcritud a partidos y ciudadanos opera con una planeación de los dineros que ninguna cooperativa escolar envidiaría. Y mientras tanto, acumula demandas laborales y acude a celebrar memorias que llegan cuando el polvo ya las cubrió.
No estamos por pedir la perfección. Pero quizá sería razonable exigir que los organismos electorales entiendan una cosa elemental: la democracia no se construye con libros que llegan tarde, categorías que no terminan de definirse o presupuestos que aparecen por generación espontánea. Se construye, entre otros aspectos, con datos actualizados, plazas financiadas y, sobre todo, con la voluntad de que la transparencia no sea un ejercicio improvisado y de nostalgia, sino una práctica cotidiana.
Por lo pronto, en Guanajuato mientras que el INE nacional resuelve sus colapsos tecnológicos y el IEEG descubre de dónde sacará el dinero, la ciudadanía observa. Y toma nota.
