Por: Adrián Méndez
Carl Gustav Jung y sus arquetipos requerirían ser sobreanalizados para explicar la tragedia que en este momento se abate sobre México; ya lo decía Octavio Paz en El Laberinto de la Soledad de los años 50, “en México, todos somos hijos de la chingada”.
Este lunes 1 de septiembre, la presidente Claudia Sheinbaum rinde su primer informe de gobierno, a 10 meses de haber asumido el cargo, las condiciones han cambiado y hoy se encuentra peor todo el país.
Ellos dirán quizás que sacaron de la pobreza a 13 millones de mexicanos, pero aumentaron de 20 millones a 42 millones a los que no tienen seguridad social, crecen el empleo informal y no hay medicinas en los nosocomios de toda la nación.
La república del populismo en su esplendor pasa por alto el crecimiento de las extorsiones en todos los rubros de la economía nacional, desde los grandes hasta los pequeños empresarios; la economía agraria es, en buena medida, manejada ya por la criminalidad organizada. Sino pregúntenle al próspero animador de corridas de toros, Pedro Haces y su esplendente CATEM.
Los morenos viajan por el mundo y su mejor ejercicio es el tráfico de influencias, si no, que le preguntan también a Andy. Sus proyectos para generar la nueva Ley Electoral marchan sobre ruedas, quitarle recursos a toda la oposición, reducirla al polvo y manejar de nuevo las elecciones desde Bucareli.
Con ello, el país no solamente habrá involucionado a décadas que se creían olvidadas dentro de la vida republicana en medio de la gritería entre la titular del Ejecutivo diciendo que la CURP biométrica no será obligatoria mientras que su titular de Gobernación señala que “será necesaria para todo requisito privado y público, sine qua non”.
¡Por primera vez en su vida, pónganse de acuerdo en algo!
Ya no somos competitivos, ni siquiera entre los países con más bajos niveles de producción y desarrollo en la zona. Los gringos, que no intervendrán jamás en territorio nacional porque una soldada en cada hija (a la patria) le dio harían frente a las amenazas imperialistas de Trump. Según ellos.
Y en medio de ello, el discurso suena ya a ranciedad con sus vestiduras desgarradas, mientras que Noroña defiende sus “millones bien ganados como Youtuber”, y otros lo agarran a manotazos en la mesa del Senado.
¡Vaya república! Pues los porros del CEU pasaron a la historia, la “izquierda redentora” los premió y hoy pretenden que el país, habiendo superado desde ya todas las posibilidades para acercarse al nearshoring y las nuevas tecnologías haya perdido completamente el rumbo.
Y no se sabe si el tono, el discurso, la retórica, les va a alcanzar para llegar a completar la Agenda 2030, si tendrían tiempo y si el método del odio que sembró el monarco de narcuspana les parapetará más estirándolo hasta el desgarro cuando el país se vea sumido en deudas, el vacío legal.
Lo que no es creíble es que haya dentro de sus ímpetus tanta y tal rabia por despedazar a la República en medio de todas sus consecuentes tragedias pues, acorde con los arquetipos jungianos, México se la juega entre la torre, la muerte y el nueve de espadas.
Eso es mucho decir, o se derrumba y asume el desastre o generará más violencias y desgracias cotidianas a sus ciudadanos.
Este lunes la presidenta sonreirá diciendo que México es la República de la alegría, que sus enemigos están moralmente derrotados en medio de una oposición en calzones y que, ante ello, muchos millones de mexicanos se hallan convencidos de que hoy estamos mejor que nunca.
¿Por cuánto? Es que eso ni siquiera ellos tampoco lo saben…
Tomado de Paralelo X.
